Empleado, esclavo y perro

Tengo la gran suerte de poder vivir bien con mi profesión, por mi cuenta, de analista informático. En el sexo me encanta el Sado-Maso, y si bien no le hago ascos a una buena esclava, prefiero disponer de buenos perros, ya que considero que al ser usados por personas de su mismo sexo, se les infringe una mayor humillación y su sometimiento es mucho mayor. Llevaba tiempo deseando tener un esclavo total y permanente que viviera en mi casa y enteramente sometido a mi Ley y, sobretodo, a mi Deseo las 24 horas del día con sus noches. Finalmente me decidí y varias webs de contactos de porno maduras en las que ofrecía el empleo desclavo al animal que aceptara mis condiciones.

No recibí demasiadas respuestas y después de un primer contacto telefónico con los candidatos opté por entrevistar directamente uno de los perros, de 22 años, ya que creía que era el que mejor se ajustaba al perfil de esclavo que andaba buscando. Le ordené desnudarse observé como aquella bestia ya estaban erección. Lo cité en mi despacho para dar mayor formalidad a la entrevista y le ordené venir completamente depilado de su zona genital. Acudió con puntualidad británica y, manteniéndolo de pie frente a mi mesa le indiqué las condiciones del contrato. Sería un contrato laboral deservicio doméstico, librando una semana de cada cuatro y siendo a mi cargo las cuotas de la Seguridad Social.

Contestó que con que le diera un poco de agua y comida de cuando en cuando ya se conformaba y que estaba a mi entera disposición para cualquier cosa, fuera lo que fuera, que yo le ordenara. Su respuesta me gustó, pero antes de adquirirlo decidí examinar a conciencia a mi nueva bestia. Así que le ordené desnudarse y observé que aquella bestia ya estaba en erección. Había cumplido mi orden de rasurarse me fijé en que su pollera de un tamaño aceptable. Supervisé mi nueva propiedad meticulosamente y con detalle, mientras le hacía obscenas observaciones sobre su polla, la estrechez de su culo y sobre todas las marranadas que tendría que ejecutar para complacerme. Le interrogué autoritariamente, aunque no me levanté de la mesa de mi despacho, sobre sus hábitos sexuales, su familia y sobre todo lo que se ocurrió y lo hice de la forma más ofensiva que supe.

Superó satisfactoriamente la prueba y le indiqué que, desde aquel mismo momento, dejaba de ser persona y que ya era un perro de mi exclusiva total propiedad. Le solté un par de tortazos para que se fuera acostumbrando su nueva forma de vivir le indiqué que esa erala forma en que, desde aquel momento le indicaría que debía limpiármelos zapatos. Comprendió inmediatamente, era un perro listo, que debía hacerlo con la lengua, por lo que se colocó a cuatro patas por debajo de la mesa a cumplir su labor.

Cuando consideré que ya relucían decidí salir, por lo que, llevé al cerdo a un armario donde le vendé los ojos y lo dejé amarrado por la polla y por los brazos, puestos en alto, marchándome la calle a comprarle una jaula para que tuviera donde pasar la noche. Cuando volví al despacho, ya eran las 10 de la noche pasadas y como tanto en mi casa como en mi despacho el ascensor va directamente desde el “parking” hasta el interior sin necesidad de tener que ver a nadie, abrí el armario y desaté al perro, llevándolo a puntapiés hasta el ascensor, montándolo en el completamente desnudo. Ya en el coche, lo metí en el maletero y, sin hacer paradas, llegué a mi casa, donde procuré aparcar cerca de la puerta del ascensor. Como era tarde, el riesgo de que alguien viera a mi perro en el “parking” era mínimo, así que, desnudo con los ojos tapados, lo saqué del maletero y lo tiré al suelo.

Le ordené levantarse y saltar hasta que su polla volviera ponerse en erección. Como no era cuestión de tener al perro toda la noche saltando en el aparcamiento, opté por ayudarle. Así que, mientras saltaba, yo le sujeté, fuertemente, la polla, teniendo, casi al instante de hacérselo, el perro, una fuerte erección. Lo subí a mi casa, donde erección, le insulté y le llamé “putita con polla”, indicándole que este sería su nuevo nombre, aunque, para abreviar, le llamaría “cerda” o “cerdita”. Me senté en mi sillón preferido, colocándolo con el colosal aire sobre mí le propiné una enorme paliza en sus nalgas con mi mano desnuda. Su culo se puso al rojo vivo, pero lo que más me excitaba era notar su dura polla sobre mis testículos.

Como ya me dolía la mano volví a arrojarlo al suelo, de donde lo levanté cogido porros huevos. Al estar de pie leí un fuerte bofetón y una orden: CHUPA CERDA mientras le daba las órdenes me desabrochaba la bragueta. Le da un fuerte golpe con el puño cerrado en el estómago para arrodillarlo y le metí, de un solo golpe, mis 22 comide polla dentro de su boca. Mientras me la mamaba, me entretuve en azotarle la espalda y el culo con la correa de mi pantalón. Observaba como el cuero trazaba unas precisas líneas rojas en la espalda de aquel animal.

Era MI propio animal. Cuando ya no podía aguantar más, le arranqué la venda delos ojos, y descargué todo mi semen sobre su cara. Le ordené que me quitara los zapatos y que, con la boca a cuatro patas los llevara hasta mi habitación cogidos por la boca y que, una vez allí, por igual método, detrajera las zapatillas. Con mis zapatillas en la boca la cara llena de mi semen, el perro volvió rápido de la habitación y no estoy contando una escena de zoofilia con perros.

Le ordené que me pusiera las zapatillas y que me limpiarla polla con su lengua, y eso me volvió a poner cachondo. Sin embargo, tenía que dosificarme. Me lo llevé al lavabo donde me dediqué a quitarle todo el pelo de su cuerpo, incluidas las cejas y una vez estuvo listo le até las manos a la espalda, ordenándole que se arrastrara hasta llegar a mi habitación, y que se subiera a la cama y que arrodillándose apoyando la cabeza en la almohada esperara, ofreciendo el culo, a que yo fuera a rompérselo por primera vez, ejerciendo mis derechos de Amo sobre aquella bestia. Me lo tomé con calma, ya que quería jugar con su temor.

Me entretuve viendo la televisión mientras retomaba un buen coñac acompañado por un puro Monte Cristo. Cuando el faltaba poco para que el puro acabara de consumirse silbé a mi perro para que viniera donde Yo estaba. CERDITA AQUÍ, CORRIENDO, le ordené. Apareció enseguida y le dije que moviera la polla como si del rabo de un perro se tratara. Lo puse de rodillas y volvía meterle mi pene en su boca. Apreté su cráneo rapado contra mi cuerpo, haciendo que se ahogara con mi polla introducida hasta el final de su boca, y mientras buscaba aire donde solo había carne apagué mi puro sobre su hombro.

Soltó un grito de dolor. Ese fue el primer sonido que escuché salir de su boca de putita desde que había empezado a trabajar para mí. Le dije que nunca jamás le quería volver a oír bajo pena de hacerle quitar las cuerdas bocales. Le dije que como castigo iba a quemarle los pezones que no quería oír un solo grito, ni una sola palabra. NADA. Lo hice con la colilla del puro a la cual saqué mucho brasa. Lo quemé lentamente y le besé en la boca mientras le masturbabas polla de putita. La bestia se corrió procurando mantener el silencio. Después lo llevé a su jaula, donde no cabía de pie, y allí, en su jaula, le rompí el culo con mi polla.

Vía: RelatosPorno.tv