PESADILLA EN UN BARCO MERCANTE. Capitulo II

Es la segunda parte del relato que se incio cuando subimos a un barco pensando que sería de cortesía y todo se convirtio en una pesadilla. Continuando la primera parte sigo narrandoles todo o que iba pasanado.

En la celda que nos tenían no podía ni respirarse bien, se sentía por la hora un calor sofocante, yo tenía todo mi cuerpo sudado incluyendo mi parte de abajo de mi bikini, que por ser blanco y estar húmedo dejaba ver bastante más de lo que yo quisiera. Estaba acostada sin poder levantarme pues mis manos estaban atadas atrás de mi espalda y eso no me permitía levantar o sentar.  Con la cadena en mi cuello sin poder moverme mucho pues cualquier movimiento me causaba dolor por la cadena cortando mi piel. Había llorado un mar de lágrimas y rogaba porque alguien viniera en ayuda.

Una hora más o menos después se abrió la puerta, dos desconocidos que no había visto entraron con comida. Me preguntaron si tenía hambre, pero la verdad en esa situación no apetecía nada. Con un movimiento de cabeza dije que no, y ellos dijeron: puta por esto estarás castigada sin comer ni beber hasta mañana, puta loca. Mi esposo ni siquiera miro lo que le ofrecían, él estaba en otro mundo. Mi preocupación era que le dieran una sobredosis y pudiera morir.

Se llevaron los platos y el agua dejándonos nuevamente abandonados. No mucho tiempo después entro el que dirigía. Abrió el candado de la pared y me halo por la cadena para que me parara, yo le suplique que nos dejara ir y de inmediato reacciono violento diciéndome: puta perra es que no vas a aprender aquí yo soy tu amo y tú no puedes dirigirme la palabra solo asentir o negar con la cabeza. Pero para que aprendas te voy a imponer un buen castigo. Salimos de la habitación yo mire a mi esposo rogándole con mis ojos que me ayudara pero él ni me miro. Me llevo halada por el barco, yo iba semidesnuda y todos miraban y reían. Llegamos a un mástil o algo así  y allí ordeno que me ataran al mástil.

Me pusieron de frente al mástil, mis brazos estirados hacia arriba con las esposa puestas, mi cuello también halado por la cadena y apenas podía estar en puntillas. Entonces ordeno a uno de los marineros azotarme con una manguera gruesa. Yo no podía creer lo que estaba ordenando, es más estaba tan concentrada en mantener  mis pies alto para no ahorcarme que no prestaba atención a lo que decía hasta que sentí el primer latigazo. La intensidad fue tan grande que nunca  no pensé que fuera posible tanto dolor. Ese primer latigazo que me cortó la piel golpeo mi lado derecho de mi nalga llegando hasta mi pierna derecha. El dolor fue impresionante es un ardor como si la piel se quemara y a la vez se cortara en pedazos. Me corto hasta la respiración. Empecé a llorar lo más bajo que podía pero de inmediato otro, y otro hasta llegar a 10 latigazos que sentí que me habían partido en pedazos. Creo que en algún momento me desmaye.

Él se me acerco me tiro de mi cabellos y me dijo: ahora si vas a obedecer perra. Yo con todo el dolor moví mi cabeza asintiendo en el movimiento que él me permitió hacer mientras tiraba de mis cabellos. Déjenla colgando para que se queme del sol, que mucho le gustaba a ella tomar el sol en su bote con las tetas afuera, puta del carajo.

Empujo con fuerza mi cabeza sobre el mástil que me mantenía colgada. Me quede sola en pleno sol con todas las laceraciones de los latigazos recibidos. Pensé dentro de mí, que lo peor  que podía pasarnos era que estos delincuentes me violaran pero que luego nos dejarían ir y mis fantasmas solo serían de una violación abusiva pero que terminaría en algún momento. Ahora me doy cuenta que esto no es cuestión de violación va más allá es convertirse en esclava para el resto de mis días. Por eso no me han violado, solo me están convirtiendo en una esclava infrahumana, un objeto de satisfacción, algo que debe permitir todas las bajezas, y convertirse en un excremento sin pensamientos.

Ya llevaba como 3 horas colgando de este oxidado mástil, desesperada por la quemadura de sol y las laceraciones que me causaron los fuertes latigazos propinados por esos abusadores. Y llego de nuevo el jefe y me pregunto que si  tenía sed, calor y necesidad de un baño, y asentí con mi cabeza pensando que después de esa paliza y castigo iban a ser condescendiente conmigo. Craso error el mío. El jefe les dijo a los que lo acompañaban unos 3 hombres: ella tiene sed… démosle algo de tomar para que se hidrate.

Me agarro por el cuello y me hizo arrodillar en calor del metal del piso del barco y les dijo: vengan y denle líquido a esta puta…. Me agarro por el cabello sosteniendo mi cabeza fuertemente para que no pudiera moverla y me ordeno que abriera la boca sino quería otro castigo al que me habían dado. Arrodillada abrí mi boca y vi cuando el primero de los 3 saco su pene y lo acerco a mi boca. No pude aguantar y quise torcer mi cara pero no me dejaban. Entonces me tomo el cuello con las dos manos y comenzó a ahorcarme. No podía respirar y esto me asusto muchísimo pues no sabía hasta donde podía llegar. Me soltó y dijo: por última vez abre la boca o atente a las consecuencias.

Sabía que no estaba jugando así que abrí mi boca hincada como estaba cerré mis ojos y sentí cuando el hombre que tenía en mi frente me entro todo su pene en mi boca. Después de entrarlo varias veces se detuvo y puso su glande en mi labio inferior y procedió a mearse dentro de mi boca. Esto me produjo nauseas pero de inmediato el jefe me dijo trágatela toda para que no te jodas. Así tuve que tragar toda la orine de los 2 primeros hombres. Luego el último de los 3  la derramo sobre mi cara y me baño todo mi cuerpo. El jefe dijo: así maldita perra, tienes que aprender. Deprimida, adolorida, bañada, ultrajada seguía hincada delante de ellos.

Bien dijo el jefe ahora te tengo una sorpresa….

La expectativa me causaba terror, pues ya sabía que nada bueno seria. Me llevaron a un camarote que supongo lo usan como enfermería en caso accidentes. Aquí pensé que pretendían curar mis heridas, pero otra vez mis pensamientos eran demasiados ingenuos.  Procedieron a sentarme en una silla de metal, con mis manos atadas al respaldo de la silla. Las piernas, a nivel de tobillos, fueron atadas en ambas patas de la silla. Entonces el jefe dijo: que venga el herrero. Minutos después entro un hombre fuerte de color oscuro y pregunto al jefe.

¿A qué se debe el llamado?

El jefe le dijo: es que te tengo trabajo aquí con esta puta, que ha sido difícil de controlar y para ello quiero que hagamos el trabajo de las argollas y la cadena de manera que podamos controlarla mejor.

Cuando escuche esto nunca pero nunca imagine lo que podría pasarme. El herrero saco una caja de pesca y un anzuelo bastante grande. Lo puso al fuego para esterilizarlo. Supuse que me iban a pegar eso caliente para hacerme sufrir y con todas mis fuerzas trate de zafarme pero fue imposible.

Entonces se me acerco el Herrero, sentado frente a mi y me dijo no te muevas puta, para que hagamos esto lo menor posible. Yo estaba todavía semidesnuda, solo con mi parte de abajo del bikini. No me imaginaba de qué estaba hablando. Entonces me agarro uno de mis senos y lo apretó con fuerza, luego beso y succiono mi pezón hasta que este se erecto completamente.

Dijo: así es que quiero verlo…. Y agarrando mi seno con la mano izquierda trajo en la derecha el anzuelo, comencé a llorar y mis lágrimas corrían por toda mi cara, no podía moverme ni suplicar pues sería peor. Así el herrero comenzó a perforarme un pezón con el anzuelo. Es inexplicable el dolor que se siente cuando esto se hace a sangre fría. Luego de iniciado no se puede echar marcha atrás pues el anzuelo no permite ser devuelto, así que con toda su calma y goce me fue penetrando el pezón derecho. Parecía que era interminable pero todo tiene fin.  Luego de traspasar el anzuelo tomo unas pinzas para pasarme una argolla, de las que se ponen en el cordel para que no coja vueltas, y la fue incrustando por el hueco que había hecho el anzuelo. Corria mucha sangre de mi pezón que bañaba sus dedos.  Así también de doloroso paso al pezón derecho terminando con otra argolla.

Pensé que había terminado de sufrir, pero no fue así.  El herrero se paró busco madero (con lo que dan muerte al pescado) y lo puso entre mis dos pierna abriéndome las rodillas mucho más de lo que podía por estar atada a las patas de la silla. Pero la introdujo a fuerza, esto me causo un raspado en el lado interno de mis piernas.  Se sentó  en una butaca baja frente a mí y soltó las ataduras de mi bikini en los lados. Era la primera vez que estaba desnuda completamente con las piernas abiertas totalmente.  Me abrió mis labios mayores buscando mi clítoris, y la verdad que tenía un pánico extremo pues no quería ni imaginarme lo que pretendía hacerme.

El tomo de nuevo el anzuelo y procedió a perforarme mi clítoris. El dolor fue inaguantable a tal punto que me desmaye. Cuando me desperté tenia puesto 3 argollas, un par en mis senos y una en mi clítoris unida por una cadenita fina pero muy fuerte en forma de cruz entre los dos senos y una que bajaba hasta mi clítoris. Donde se unía la T  había otra argolla por donde ellos me colocaban la cadena para alarme y dirigirme.



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